Blogia

ENTRE LINEAS

Revuelta

Revuelta

"Re-vuelvo" de dónde nunca me fuí. Marché obligado por, según parece, circunstancias de la técnica que de vez en cuando nos juega malas pasadas. Han sido días de soledad "diarera" en los que te das cuenta que, en cualquier momento, el mundo virtual puede tornarse infiel. Como yo lo he sido con "blogia" aunque puedo decir en mi descargo que ella lo fue antes conmigo llevándose, además, dos escritos con sus respectivos comentarios. Fruto de esa recíproca deslealtad y de mi tendencia a buscar nuevos horizontes, he abierto nueva página para momentos de crisis entre blogia y yo. Espero que a mi amante le gusten los tríos (diareros) tanto como a mí.

Interactividad

Interactividad

Una de las fantasías que recuerdo desde que tenía uso de razón -si es que las fantasías entran en la conciencia- era el poder colarme por la pantalla del televisor cuando me apeteciese. Lo imagino desde que mi madre me sorprendió intentando traspasar la ventana del “Edison”, así se llamaba el aparato, a la manera que lo hacían los personajes de la serie “El Tunel del Tiempo” . El episodio de mi “viaje” a través del tiempo, se saldó con la rotura de la pantalla del televisor (afortunadamente mi cabeza era más dura), un chichón de proporciones considerables y un sermón de mi madre acerca de que “no tenía edad para creerme todo lo que veía en la televisión”, comentario este último que no hizo delante de mi padre, gran aficionado a los ‘telediarios’ de la época. No obstante la bronca, continué creyendo que era posible llegar a traspasar el tubo del televisor. Esta vez debía ser más meticuloso en mi acción y para ello decidí que antes era necesario un concienzudo entreno. Así que llenaba la bañera de mi casa hasta los topes y me sumergía en el agua emulando al “Seaview” . Por aquella época y aunque era un avezado estudiante aún no había asimilado el principio de Arquímedes cuestión ésta que, a mi paciente madre, no le hizo ninguna gracia cuando inundé el baño en una de mis “inmersiones bañeriles” tan agitadas como lo eran las del Almirante Nelson o el capitán Lee Crane. Debo reconocer que aquél nuevo y fallido intento por cruzar al mundo de la ilusión, tuvo un pequeño cambio cuando descubrí la nave “Enterprise” y su transmutador de partículas que permitían a los personajes viajar a través del espacio y el tiempo disolviéndose como si fueran azucarillos.

 

 

 

 

 

La revelación que tuve en ese momento fue percatarme que los viajes eran posibles a la inversa, es decir, sólo los personajes que aparecían en la pantalla del televisor podían aparecer en el comedor de tu casa, en la cocina e, incluso, en tu habitación. Suerte que descubrí aquello justo unos minutos antes que intentase “transmutarme” derramándome por encima varios litros de ácido sulfúrico que sabía era muy buen disolvente. Es broma, por supuesto. Y me puse en esa operación inversa, entrar dónde los demás estuvieran para interaccionarme con ell@s. Lo cierto es que, después de varios intentos aún no lo he conseguido. Lo sigo intentando y hoy, mejor dicho, esta madrugada, lo volveré a ensayar de nuevo durante unos minutos…o segundos.


El juicio más importante

El juicio más importante

 

Ando enviando relatos cortos a concursos literarios. En una de las convocatorias llamada “vivencias”, se exige que las mismas no superen los setecientos caracteres y, como máximo, se pueden enviar seis relatos. Tras una primera selección me quedaron cuarenta y siete de los que consideré podría mandar sin que me produjese sonrojo pensar en los comentarios del jurado que los valorase. Para llegar a las seis “vivencias” exigidas me he sometido a otro juicio, a otra valoración, la de mi hija Flors . Sé que ella iba a ser del todo imparcial y me diría qué narraciones le gustaban, como lo hacía cuando era pequeña y le explicaba las versiones adaptadas de los cuentos infantiles y me decía “papá el lobo era el malo de la historia, no Caperucita”. Y es que ella ya se había leído antes la versión oficial. No obstante veía cómo abría sus ojazos escuchándome (le encantaba la adaptación que hice del cuento de “María Sarmiento”) aunque no coincidiese con el relato original. Lo cierto es que a Flors también le gusta imaginar otras historias que las que están establecidas oficialmente. Pues bien después de que hubiese leído y releído los relatos, ha escogido diez que “…m’han agradat molt…” . Y yo, más ancho que largo, me he sentido ganador de todos los concursos literarios del Universo, de los demás me dijo “…i es que, papà, en els teus relats utilitzes a vegades paraules que els hi venen masa ‘grans’ , que son masa ‘rebuscades’ i això els hi fa perdre espontaneitat…” (“…y es que, papá, en tus relatos utilizas algunas veces palabras que les vienen muy ‘grandes’, muy ‘rebuscadas’ y eso les hace perder espontaneidad…”).

 

 

Es hora de morir

Es hora de morir

 

Madeleine, a la que la prensa le añade las siglas Z.B., decidió que el viernes 12 de enero era un buen día para morir y eso hizo. En un postrero acto de libertad que una silla de ruedas le había negado en los últimos años, se quitó la vida en su domicilio de Alicante, acompañada de tres voluntarios de la Asociación “Derecho a Morir Dignamente” y, según cuentan, de una periodista de “El País” que había seguido la historia de Madeleine en los últimos seis meses. Esa muerte, no anunciada para su familia pero con luz y taquígrafos, reaviva el viejo debate en nuestra sociedad sobre la eutanasia , una sociedad empeñada muchas veces en quitar la vida a los vivos y mantenérsela a los muertos.

 

Madeleine , enferma de esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una dolencia degenerativa que paraliza el cuerpo, consideró que no merecía la pena vivir sin la sonrisa que la había acompañado durante toda su vida, inspirando a poetas como Georges Brassens o cantantes como Jacques Brel, y que su terrible dolor había borrado de la cara para siempre.

 


No es mi intención terciar en el debate sobre si las personas tenemos o no derecho a disponer sobre nuestra propia vida. Debatiría si no conociese el argumentario a favor y en contra y tuviese algún atisbo de duda dónde posicionarme, pero lo tengo claro. El hecho es simple: nadie nos consultó si queríamos nacer, en consecuencia a nadie más que a nosotr@s mism@s debemos rendir cuentas de cuándo queremos morir. Cuestión muy diferente es cómo deseamos hacerlo y en eso estoy con esta reflexión. Se puede elegir morir reivindicando públicamente el amor a la Vida en el que está implícito, de manera inalienable, el derecho a elegir tu muerte, como lo hizo Madeleine y antes Ramón Sampedro o se puede optar morir por no estar de acuerdo con una decisión judicial que te mantiene en prisión, como así lo está haciendo el etarra de Juana Chaos , asesino de, al menos, veinticinco personas. Hoy más que nunca me reafirmo en esa libertad del individuo a decidir su muerte.


Un penúltimo apunte personal. Si tuviera que tomar una decisión, me gustaría un final como el del “Ángel Blanco” en la película “Blade Runner”.

 


 

Nada

Nada

Nada es ausencia. Ausencia de la ausencia.

 

Nada es vacío. Vacío lleno de Nada. Espacio dónde no existen los espacios, ni es posible la existencia.

 

En la Nada no hay dolor, podría parecer una ventaja pero no lo es, porque tampoco hay placer. Sensaciones que nunca serán.

 

En la Nada todo es verdad esa entelequia que persigo pero no busco, porque también todo es mentira. Lo que sé cierto es que allí no hay Nada.

 

A veces quiero la Nada pensando en que allí encontraré silencio, pero no es así. Hay sonidos que ensordecen unos oídos que no están en cuerpo alguno.

 

En la Nada no puedo soñar pero me da igual porque es un mundo sin Nada en qué soñar, sin Nada que desear.

 

En la Nada no se muere. Todo es inmortal en una vida que no hay.

 

Hace mucho tiempo, la Nada me gustaba porque en ella no hay guerras. Ahora me provoca una tristeza imposible porque me es difícil entender que tampoco haya paz.

 

Imagino que estoy suspendido en la Nada, pero eso no puede ser porque en ella yo no soy, ni tampoco imagino. Es como una realidad donde no hay realidad. Una ficción que no es, como ésta que escribo de Nada.

Mobbing parlamentario

Mobbing parlamentario

Enero: Mes de las 'remajas'

Enero: Mes de las 'remajas'

¿A que si?

Los raíles del tren

Los raíles del tren

- Estoy metida en un buen lío, Ana. Me duermo cada noche sabiendo que en mis sueños aparecerá Eduardo y me despierto con la sonrisa dibujada en mi cara porque sé que en unos minutos me encontraré frente a él, en otra reunión de trabajo. Si, en el trabajo y hasta dónde llegará mi obsesión que el otro día llamé a mi marido con su nombre. De ésta no sale vivo mi matrimonio, porque, después de tantos años no puedo, ni quiero renunciar al trabajo por el que he suspirado desde hace siglos – De sopetón se lo contó a su mejor amiga cuando se encontraron para comer al mediodía, cerca del restaurante donde Ana ayudaba a su marido en la asesoría fiscal y contable ya que, las mujeres, dulcifican mucho más los problemas que se tienen con el fisco por aquello que entienden mejor, por sufrirlo, los equilibrios que supone la economía familiar y que obligan a cometer determinados excesos.

 

- No te pongas trágica, Teresa -y le sonrió levemente al tiempo que le hizo una caricia en la mejilla, libre de prejuicios y llena de la amistad que sentía por ella-. Nuestros matrimonios se acabaron hace mucho tiempo. Vivimos, convivimos, nos aguantamos. Por eso discutimos, nos gritamos para no oír nuestros silencios, pero desde que nuestros hijos, aquellos niños, crecieron y se independizaron, somos extraños que viajamos en el mismo compartimento. Un viaje hacía ninguna parte.

 

- Igual que los raíles del tren: cercanos, pero separados, líneas paralelas que nunca llegarán a tocarse –y una pausa para llevar a la cara de Teresa, por primera vez, una sonrisa abierta- Y mejor que sea así. Total, ¡para lo que sirve!

 

- Eso es lo que dicen por la tele en los “culebrones” y nosotras vemos muchos.

 

-Y una mierda –gritó entre risas Teresa, que juntarse con Ana y armar una fiesta era todo uno- Lo de los raíles se me acaba de ocurrir- Se paró un momento mirando en un punto indeterminado del espacio en actitud de interrogación- O lo mismo me lo ha dicho Eduardo, que hace unas citas preciosas.

 

-Pues ya sabes, Teresa: cerca, pero sin tocarse. Aunque lo veo complicado, porque tú vas ya deslizándote tobogán abajo y sin marcha atrás posible.

 

- A mi lo que de verdad me interesa es el trabajo. La casa se me cae encima cada día que pasa. Siempre quitando la mierda de los demás, aunque sea la mierda de mi marido y de mis hijos. Y ya sabes que no me va andar todo el día de la casa, al gimnasio y, de ahí, a las tiendas. Es demasiado frívolo y vacío. No niego que Eduardo me haga sentirme bien porque vuelvo a significar algo para otro y eso es regresar a un pasado que añoro.

 

- Mira Teresa, a mí no me tienes que vender la moto. ¿Recuerdas los días de pasión que viví junto a Miguel? Palabras nunca escuchadas, paisajes recién descubiertos, citas clandestinas, avivando siempre el sexo porque el tiempo era corto, y el sabor de lo prohibido, lo más sabroso de todo. Pero un día descubres que el amante o el amigo también ronca, y se mea fuera de la taza, y le huele el aliento a cerveza y a tabaco, que aunque las tías calientes digan que eso excita, es una porquería, y el sexo hecho a hora fija, como los trenes, y el pitillo en la cama para terminar, como en las películas ¡! En la vida le habría permitido yo a mi marido fumarme en la cama ¡! Es entonces cuando descubres que te sobra y te basta con uno. Y vuelves a buscar la tranquilidad de tu casa, aunque esté allí tu marido, viendo fútbol y bebiendo cerveza, mientras tú preparas una receta nueva en la cocina. Tú lo has dicho, como los raíles del tren que, como no se tocan, no se molestan.

 


L’estaca (La estaca)

L’estaca (La estaca)

En 1968 el cantautor catalán Lluis Llach compuso la canción “L’estaca” . En aquella época, en Catalunya, en España, la dictadura del General Franco causaba estragos en las libertades de los ciudadanos y, en especial, en la libertad de expresión. Por esa razón “L’estaca” fue una canción prohibida por la dictadura ya que, “L’estaca”, simbolizaba al régimen de Franco zarandeado por todos lados gracias a la unidad de las personas que queríamos Libertad.

 

 

Estos días en que nos encontramos en período de convocatoria de manifestaciones diversas por, supuestamente, el atentado que los terroristas de ETA perpretaron el día 30 de diciembre en Madrid, he recordado esa canción pero por motivos muy distintos. “L’estaca” es, hoy, nuestra Democracia. Imperfecta, eso si, pero es la que libremente nos hemos dado. Los terroristas de ETA y sus acólitos son los que estiran de esa estaca para romperla en mil pedazos y clavarnos sus espinas en nuestros corazones. Parece que lo van consiguiendo gracias a personajillos que sólo se preocupan de sus réditos electorales. Zapatero, Rajoy, Ibarretxe, Carod-Rovira, Imaz, Zaplana, Pepiño Blanco y las infinitas asociaciones de víctimas del terrorismo, entre otros.

“No era això, companys, no era això”…

Lo que tenemos el uno del otro

Lo que tenemos el uno del otro

Lo único que tiene de Él son sus palabras, trazos virtuales que le regala a través de “La Red”. Ella recoge, una a una, las letras que componen los vocablos guardándolos celosamente en el recipiente de sus sentimientos. Cada noche cierra los ojos para derramar sobre su cuerpo el contenido de ese tarro como si se tratase de su mejor esencia. Le gusta notar como las gotas resbalan por su piel, humedeciéndola. Reúne con sus manos las pequeñas partículas para que ni una sola se pierda, repartiéndolas suave y delicadamente por el cuello, los pechos, el vientre, los muslos y llevándolas finalmente hasta sus entrañas, la última morada de Él.

 

 

 

 

 


 

Milagro en el aparcamiento de la Terminal 4 del aeropuerto de Madrid

Milagro en el aparcamiento de la Terminal 4 del aeropuerto de Madrid

Hace cinco días que los terroristas de ETA pusieron algo más de quinientos quilos de explosivos dentro de una furgoneta para perpetrar un "accidente", según denominación dada al suceso por los gerifaltes del gobierno socialista. La "gamberrada" de los chicarrones malnacidos en el norte de España, además de producir el hundimiento del aparcamiento en la Terminal, causó la muerte de dos ciudadanos ecuatorianos, Diego Armando Estacio Sivisapa y Carlos Alonso Palate y la desaparición de, como mínimo, dos españoles. Afortunadamente hoy hemos visto vivo en la Terminal 4 a uno de los españoles que permanecía desaparecido desde el día 30 de diciembre. José Luis Rodríguez Zapatero, ha sido encontrado en la malograda terminal después de permanecer desaparecido durante cinco días entre los escombros de sus palabras y para desmentir a un miembro de su gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, que aseguraba que el dialogo con ETA o proceso de paz "estaba roto, liquidado y acabado". Efectivamente, Zapatero, ha aparecido para afirmar que él lo que dijo de los valientes "gudaris vascos" era que "ya no se hablaba con ellos" vamos que por el atentado en el aeropuerto de Madrid, los ponía de cara a la pared y les hacía copiar cien veces "no asesinaré más". En ningún momento dijo que dada por finalizado su negociación con los terroristas, ni que no iba a cumplir los compromisos firmados con ellos. Como he escrito en el enunciado, utilicé el singular "milagro", no "milagros". Una cosa es que aparezca Zapatero y, otra cosa muy distinta, es que recupere la cordura, si es que alguna vez la tuvo.

 


 

A partir de ahora ya sólo queda que se produzca el segundo milagro y aparezca por Barajas un tal Juan Carlos, de apellido palote ("I") pero me han dicho los portavoces de la casa real que él también tiene derecho a acabar sus vacaciones.

Deseos para el año nuevo

Deseos para el año nuevo

- Pues quiero que el año nuevo sea, como mínimo, igual que el que acabo de pasar.

 

 

En menos de veinticuatro horas habremos expresado ese deseo o habremos oído esas palabras a todo aquél que nos preguntaba o a quién preguntábamos, sobre sus aspiraciones para el año que acaba de comenzar. Tenemos la sensación que si tenemos apetencias modestas, el futuro será benévolo con nosotros, como si desear mejor fortuna, el amor que nos es negado, mayor salud, posición social o ambicionar estar en el podio de los mejores en nuestra profesión, fuesen ideales que, de manifestarlas abierta y públicamente, seríamos castigados con alguna maldición bíblica. Es eso y que tratar de conseguir superiores metas, supone el poner algo de nuestra parte que no estamos muy dispuestos a hacer. Para tener más y mejor debemos arriesgar. Obtener fortuna o que un amor deje de ser platónico, exige aventurar nuestro dinero o exponerse al desencanto. Pero año tras año decidimos que, con lo que tenemos, ya nos es suficiente. Así que en mi caso, cuando me preguntan qué le pido al año nuevo invariablemente miro, como hoy, por la ventana del comedor de mi casa y contesto:

 

 

- Ver amanecer cada día.

 

 

Sed felices siempre y pedid aún a riesgo de que se os conceda.

¿Vienes a comerte las uvas?

¿Vienes a comerte las uvas?

Pasar por el aro

Pasar por el aro

Estaba en el vestidor del gimnasio cuando algo, mejor dicho, alguien me llamó la atención por un colgante que se balanceaba en su cuerpo. No fue porque el susodicho aro pendiese del pene del sujeto , por cierto, escrupulosamente depilado lo que hacía más evidente el arete. Tampoco despertó mi curiosidad pensar cómo fue a parar allí el anillo, si en un acto voluntario producto de un momento de arrebato amoroso o, por el contrario, el sujeto acababa de ser víctima de un accidente al tirar de la cadena en el retrete y, por una cuestión de azar, una de las argollas de la cadena fue a parar ahí clavándose en tan noble parte. Ni siquiera me vino a la mente imaginar cómo serían las relaciones sexuales del individuo tratando de introducir su decorado miembro en cualquier agüjero que le pudiese apetecer. Lo que en realidad quería saber y quiero ya que mi inquietud aún no está satisfecha (no era cuestión de ponerse a mirar indagatoriamente la verga del personaje en el vestuario) es si la ajorca aguantaría los cien quilos de humanidad que, a ojo de buen cubero, debía pesar el tipo cuando se ensartase en la barra de estiramientos no vaya a ser el caso que se rompa (la barra) y me quede sin mi dosis de salud muscular semanal.

Inocente, inocente

Inocente, inocente

Desde siempre el día 28 de diciembre ha sido uno de los días "intervacacional" que más simpatico me ha caído a pesar de que algunos, como el de hoy, caigan en jueves. Cuando era pequeñín, ese día,  se me consentía el poner a caer de un burro a los que eran adultos.  La excusa de que aquello que decía "era una broma", me eximía de toda culpa. Esa catarsis infantil duraba lo que duraba el día y al día siguiente volvía a mi estado de ingenuidad infantil no tolerada. El lujo que, para algunos, nos representa cumplir años, convierte ese día de exculpación en 364 días ó 365 en los bisiestos y, el 28 de diciembre permito que l@s demás, ingenu@s o no, inocentes (¿hay algun@?) o no, me pongan a parir. Así que esta abierta la veda hasta las 00 horas del 29 de diciembre. Os queda algo menos de media hora para solventar vuestras cuitas conmigo sin que por ello pestañee un ápice. 

Un día sin noticias.

Un día sin noticias.

Hoy es fiesta en Catalunya, San Esteban y no hay prensa escrita. Como cada año los periódicos previeron las noticias para dos días, es decir, para el 25 y 26 de diciembre. Mañana volverán los diarios llenos con las noticias frescas de siempre. Me pregunto porqué no editan sólo un periódico al año con eventos estandar y así se ahorran un montón de papel, colaboradores, cartas de los lectores, sueldos y demás zarandajas. Tal vez, alguien dirá, que son necesarios porque las necrológicas no se pueden saber con antelación.

Preparando la cena de una buena noche

Preparando la cena de una buena noche

La necesidad de tocarle surgió en la cocina. A ella le gustaban esos momentos cuando el deseo viene de repente, fugaz y porque sí. Imaginarlo y ponerlo después en práctica en el lugar en el que vino. El impulso le llegó esta vez viéndole de espaldas picando cebolla. Ocupado así, coló las manos por su espalda recorriéndola hasta sus hombros, bajando hasta sus axilas, llevándolas hasta sus pezones a los que dedicó una especial atención rozándolos con las yemas de sus dedos, acompañando esa caricia con una suave presión de su vientre contra su trasero y apoyando su rostro en la espalda. Notó cómo se habían endurecido los pezones entre sus manos y un audible gemido, solo en esa distancia, de él, le advirtió que había llegado el momento de continuar su trayectoria. Así que sus manos fueron a parar al botón de su pantalón colándose hábilmente hasta rozar su polla, ardiente, deseosa de sus caricias. Él ya había soltado el cuchillo y se apoyaba con ambas manos en la encimera, entreabierto de piernas, flexionadas para facilitar las caricias que acompaña con un suave movimiento de caderas... Tras unos cuantos segundos que le permiten a él concentrarse en ella, se da la vuelta, sorprendiéndose gratamente al verla ya que solo lleva un minúsculo tanga y una chaqueta entreabierta por la que se adivina la voluptuosidad de su pecho... Con un suave movimiento la sienta en la encimera procurando que sus muslos estén separados. Mientras él se acerca, coge una cuchara de madera que suavemente empieza a recorrerla por el cuello, descendiendo hasta los pezones que los rodea y en los que, tras una pequeña parada, sirven como impulso para bajar hasta el vientre de ella y, de ahí, al tanga en el que se entretiene rozándolo con la cuchara y presionando donde se intuye la humedad... Esos toques la excitan aún más como lo demuestra ese movimiento de caderas que parecen buscar la parte más prominente y dura de la cuchara, mientras la mano, busca la dureza que asoma sobre los pantalones para frotarla en un movimiento recíproco de ternura sexual.

 

 

 

 

La mano de él llegó abajo, entre las piernas de ella, resiguiendo la curva irresistible de sus nalgas, y con un dedo alcanzó la raja desde fuera de sus bragas. La tela estaba empapada de secreciones; él sintió como su pecho se fundía mientras frotaba y empujaba bien adentro, entre sus piernas, masajeando los labios vaginales, abarcando todo el pubis con su mano. Durante mucho rato solo se concentraron en las placenteras oleadas de ternura satisfecha que fluían del calor interno de sus cuerpos y del hormigueo de los dedos. Ella estaba al borde del orgasmo mientras él apretaba y acariciaba su clítoris. Con un movimiento casi felino, se deshizo de la dulce presión de él y bajó bajó hasta agarrar con sus manos la polla. Tiró con fuerza, apoyando el codo en el vientre de él, como si quisiera arrancar su verga de cuajo. Lo que ella deseaba es que fuera realmente una mujer. Pero sin importar lo femenina que puede llegar a ser el alma de un hombre, allí seguía su polla para negarse a ello. Se fundieron en un momento nebuloso de decisión como si quisieran quitarse de enmedio aquella cosa rígida de la forma más orgánica posible, asi que ella propuso la eyaculación de él. Así que levantó su culo para que la polla de él entrara con más facilidad y empezó a menearse, bañándole con la plena exquisitez de su regalo, el acceso a su cuerpo, piernas sobre piernas, torso sobre espalda.

 

Empezó a mover la pelvis en círculos, al mismo tiempo que empujaba adelante y atrás. En cada movimiento que él se apartaba de ella se excitaban los nervios de su polla, arrastrando el flujo de sangre hasta la punta sensible. En cada movimiento de acercamiento y hundimiento dentro de ella, hasta el fondo de su pozo transmitía la corriente a su vientre. Él lanzó un grito sintiendo el comienzo de su orgasmo. Cambió inmediatamente de marcha y continuó, incansable, subido a la cresta de la ola. También lo sintió ella y se puso en sintonía para acoger la sustancia que estaba a punto de estallar como un torrente. Por los altavoces del equipo de música empezaba a sonar "Nessun Dorma", las notas que Puccini inmortalizó en "Turandot" y que Pavarotti derramaba sobre los amantes.

 

 

 

 

Momentos antes de correrse, ella separó ligeramente las piernas para abrirse más a él. Con un largo y sofocado grito él dejó que su fisiología siguiera su curso y su cuerpo se precipitó dentro de ella con toda la furia contenida de una balsa gigantesca cayendo por una cascada. Ella lo estrujó en el momento culminante hasta el último latido, y luego se derrumbó en el suelo de la cocina, con contracciones salvajes y espasmódicas de su vientre.

 

Y de ahí, a la deriva de la duermevela por una zona entremezclada de pensamientos y sueños, sin darse cuenta que su cena de Nochebuena se había quemado en el horno. Sonrieron porque ellos ya habían tenido su cena en una buena noche. En una noche excelente.

Malas noticias

Malas noticias

No. Las malas noticias no son que, un año más, no me haya tocado ni la pedrea en la lotería.

 

Tampoco las malas noticias son que haya tenido que anular mi semana de esquí en Andorra ya que el único polvo de nieve lo íbamos a tener que fabricar nosotros y no la madre Naturaleza.

 

Ni tan siquiera las malas noticias son que hoy haya fundido parte de mi crédito bancario con mis hijas, seres llenos de recursos con caída dulce de ojos incluída: “papà si no anem a esquiar ens ho podem gastar en robeta, ¿oi?” (“papá si no vamos a esquiar nos lo podemos gastar en ropa ¿verdad?”).

 

No. La mala noticia es que, en el lote navideño de la empresa, no me han puesto los "Lacasitos" ¿Me estarán haciendo "moobing"?.

El amigo visible

El amigo visible

Estos días de eventos pre-navideños acabo hasta los mismísimos de poner la cara del “Netol” cada vez que, en las comidas de empresa, cenas de consejo de administración, meriendas en los colegios de las niñas y demás acontecimientos al uso, me hacen el regalito de una persona de la cual desconozco su identidad. Es lo que se ha venido en llamar “el amigo invisible”. Pues bien el viernes, que me tocó comida con los de la empresa, el “amigo”, en este caso “amiga” por lo que a continuación diré, me regaló un anillo vibrador . Después de sonreír, esta vez sí, franca y abiertamente, me recorrió por el espinazo un escalofrío y mi cuerpo se llenó de un sudor frío del terror que sentí. La cosa no era para menos ya que el artilugio en cuestión, toda una insinuación para ser utilizado en mi persona con la invisible, podría provenir de las chicas del departamento de relaciones públicas o de las de contabilidad . Nunca más me prestaré a este tipo de juegos. Es como hacerlo a la ruleta rusa.

Me encontrarás despierto aunque esté soñando

Me encontrarás despierto aunque esté soñando

Doy mil y una vueltas en el espacio de mi cama intentando recorrer el camino que me lleve hasta los sueños. Es inútil. Tu ausencia no la puedo llenar de quimeras, ni el vacío que dejas cuando te vas de ilusiones. El silencio de la noche, roto por los latidos del corazón desbocado cuando te pienso, trae a mi mente el único momento de cordura que tengo en este mundo de alucinaciones, de espejismos, de esperanzas que he creado entorno a ti. Y, no sé porqué prodigio en ese instante, el microcosmos que me rodea adquiere sentido. Es la soledad, la misma señora que enfría mis sábanas y aisla sentimientos, quién teje los hilos de la gigantesca tela de araña que me atrapa en la vigilia. Es la soledad quién me mantiene despierto para que me dé cuenta de lo difícil que resulta no encontrarte a mi lado esta noche, todas las noches. Es la soledad, la misma dama dueña de mi desesperanza y mis entelequias, a quién temo. Es ella quién provoca mi insomnio y me hace esperar lo imposible. Por eso, cuando me encuentres, estaré despierto aunque tal vez, en ese momento ya solo sea un espejismo y tú la luz del día. De lo que sí estoy convencido es que en la habitación sonará esta melodía...